Es una tarde interminable, me falta tan solo unos veinte eternos minutos para irme. Quiero que venga demasiada gente para venderles helados y que la interminable fila me haga olvidarme del maldito tiempo. Pero creo que mas bien los ahuyento con mi expresion fria, sentada en el banquito como si fuese un costal de papas recargado sobre una pared y apunto de deslizarse sobre el piso. Como nadie viene a comprar dulces ni helados, me dedico a aplastar el tiempo aplastando con una mirada cinica y enfadada de la vida a la gente que pasa delante de mi, que sube y baja escaleras. Señores de traje, vendedoras de boutiques, empleados del aseo, equipos de trabajo de Sears o Fabricas de Francia. Parejas de fashionistas gays, padres de familia ricachones paseando a sus hijos que aun conservan el uniforme del colegio. Grupos de muchachitas anorexicas o de muchachotas sexosas.
Da igual la manera en que miro a todos, aveces llego a despreciarlos. Sin embargo, algo atrapa mi mirada. Es un joven de unos veintitantos años, de cabello rubio y una mirada triste. Sus movimientos son relajados, no parece buscar algo, está de paso. Lleva unos jeans normales con una sencilla camiseta verde. Converse. Me levanto rapido y sirvo un helado de vainilla con chocolate. A dos metros le grito al joven '¡Kurt!' el voltea y yo corro hacia el. Me espera y le ofrezco el helado, lo rechaza con un 'no, gracias' y apunto de seguir su camino le digo que me espere, saboreo la punta del helado y se lo vuelvo a ofrecer. El sonrie y toma el helado, me dice 'Gracias, Merit' yo le digo 'De nada, Cobain... hasta luego', se despide 'si, luego nos vemos' se da la vuelta y continua su camino hasta desaparecer entre la multitud. Yo al volver a mi puesto, mi jefe me espera para decirme que me quedare tambien el segundo turno, puesto que mi compañero no podra venir. 'Ni modo, ya que' y me vuelo a aplastar al banco mientras paso mi lengua sobre mis labios para kitarme el resto de helado.

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